18, 19, 2020 [Cuarentena & Estallido].



Estar en la calle me perturba. Todo lo que veo me recuerda a las instancias en las que fui correteada por la policía, a los casos de violencia sexual política, torturas y a las detenciones dudosas. Esto, porque percibimos el mundo a través de los recuerdos, las expectativas y las experiencias pasadas, a través de la memoria, un sistema misterioso y elusivo
Una cadena de recuerdos que nos advierte de caer en la misma trampa, una red de seguridad que nos informa de como fueron las cosas, para comprender de mejor forma lo que se viene, o lo que podría ser, pero solo sí tomamos la responsabilidad de no olvidar.


Muchos sentimientos y circunstancias de la actual pandemia del COVID-19 me llevan al 18O*; la incertidumbre, la falsa escasez, el odio, las crudas verdades sociales, la amenaza de presencia militar, las muertes, la injusticia, la televisión basura, el gobierno inoperante y el miedo. Hay varias cosas que corren paralelas en ambos sucesos. Incluso hay una continuidad numérica en sus nombres. Se siente, a ratos, como una expansión del estallido social, o incluso, una sublimación de los horrores que la protesta denunciaba. Nos advirtió que debíamos cambiar, tanto social, como, sistemáticamente. Que la constitución no proveía condiciones para vivir con mas justicia, que la salud estaba colapsada, que les adultes mayores estaban desamparades, que la pobreza no era flojera, sino que, un acumulo histórico-familiar de opresiones, y también muchas veces una condena de muerte y miseria. Se advirtió que la elite era indolente, que les gustaba su normalidad, aunque esta nos costara la vida entera a la “otra cara de la moneda”. Y ahora, aquí estamos.

El 18 de Marzo del 2020 -a 5 meses exactos del 18O- se decreta Estado de Catástrofe en Santiago, lo que puede contemplar toque de queda, militares en la calle, restricción de reunión, transporte y propiedad. La memoria vibra, todo parece recordar algo anterior, infinitamente replicándose y construyéndose en base a lo anterior, la huella histórica, un dèja vu. 

Soy una de muchas personas que evaden la calle por el miedo, la memoria y la ansiedad. Sé que si un policía o militar quiere causarme problemas puede hacerlo, de forma impune. Sé también que mi cuerpo está sujeto a un orden racista, xenófobo, LGBTfóbico y misógino. Que según este soy una marica que merece castigo, una mujer que desacata su “lugar natural” en la sociedad, una afro-migrante que debió haberse quedado en su país, y que por estar en territorio ajeno debe aceptar toda la idiosincrasia chilena sin protestar. Ni siquiera me gusta pensar que sería de mi en manos de un grupo de pacos o milicos**. Su escrutinio seguramente me diagnosticaría como basura, como un virus a exterminar.

¿Debería hacerme sentir segura la presencia militar? ¿Qué ha cambiado desde la última vez que salieron a la calle? Quizás su misión explícita es distinta, pues, ya no es detener las protestas, sino que, asegurar el ejercicio del toque de queda para prevenir el contagio del COVID-19 en la madrugada. Pero ¿quiénes están en la calle entre las 10pm y las 5am? Trabajadores(as) del aseo, personas en situación de calle, aquellos(as) a quiénes el trabajo les queda lejos, o quizás, algún cuico contaminado jugando al Rápido y Furioso en su jaguar, ebrio, peligrando la vida de otros***.
Pero la ley funciona distinto para los cuicos, esa es otra de las lecciones que nos quedan del estallido, una memoria.


Quizás la misión explícita de los militares es distinta, pero ellos no. Siguen siendo los mismos que usaron fuerza desnecesaria para detener, que violaron y torturaron a diestra y siniestra, que fueron grabados en múltiples ocasiones rechinando sus dientes en un estupor cocainómano ¿se acatarán al protocolo esta vez? Según la memoria, no.

Por otro lado, me parece intrigante la sucesión del estallido con una pandemia. No digo que sea un castigo karmico o una lección divina, pero su arista biológica genera un contraste con el 18O. Permíteme explicar: la biología y la herencia genética han sido históricamente usadas como argumentos inapelables y objetivos de la élite. La usaron para justificar el racismo, la xenofobia, el clasismo y la misoginia. Era un fragmento incontaminado de verdad; el cuerpo negro/indígena es más fuerte, el cerebro negro/indígena es animalesco, el cuerpo femenino (blanco) es débil y delicado, el cerebro masculino (blanco) es más evolucionado, los ricos son ricos porque su herencia genética (coincidentemente blanca) es superior, los pobres son faltos de las habilidades necesarias para sobrevivir.

Expreso lo anterior, ya que, me gustaría taclear la creencia implícita que muchos de la élite tienen de qué, quienes son ricos lo son debido a que son mas aptos -biológica/naturalmente-, es decir, survival of the fittest/sobrevivencia del más fuerte. Esa teoría se acepta en contextos netamente “naturales”, donde se sobrevive a través del esfuerzo físico en un espacio de existencia de caza-recolección (como, por ejemplo, la mayoría de los animales y los antecesores evolutivos del ser humano). 

Sin embargo, la vida que llevamos está lejos de ser natural. Tenemos variados entramados sociales que regulan la vida, diversas industrializaciones que han redefinido la forma en que comemos, vivimos, nos enfermamos, etc. Una sociedad llena de reglas, instituciones, y reverberaciones de procesos históricos que nos han divido y que nos han quitado oportunidades equitativas. Para ilustrar esto, un ejemplo: ¿el empobrecimiento de las personas negras se debe a su herencia genética o a su herencia social (esclavitud, segregación académica, racismo sistemático e interpersonal)?


Las “verdades” biológicas/naturales son el pilar de la autoestima burguesa, también son su expiación frente a la culpa de tenerlo todo mientras muchos no tienen nada. Es entendible, ya que, la única forma de poder vivir contigo mismo(a) y las decadentes riquezas que heredaste al nacer, es construirte como merecedor intrínseco del buen vivir, y a les otres como incapaces, no merecedores, flojos, rotos, resentidos, intrínsecamente sin valor.

Es por esto que el COVID-19 me parece un sucesor muy interesante del 18O, ya que, al ser una amenaza biológica, está conceptualizada en el mismo lenguaje que la elite usa para justificar la inequidad. Y si su explicación “natural” de superioridad fuera correcta, la elite debería ser, de cierta forma, impenetrable a la enfermedad. Y de cierta forma, lo son, pero no por motivos biológicos, sino que, sociales.

Aunque la pandemia en Chile fue protagonizada en sus inicios por los(as) que tienen el lujo de vacacionar en el extranjero, y aunque los análisis demográficos denotaran que la zona norte-oriente fue la que presentó más casos, ahora nos enfrentamos a un panorama diferente. Muchos de los cuicos originalmente infectados, en sus hábitos individualistas, inconsiderados e incapaces de sobrevivir sin asistencia de la clase obrera, fueron infectando a trabajadoras(es) particulares, prestadoras(es) de bienes y servicios, trabajadores(as) de la industria de la comida y del ocio. Esta clase trabajadora no cuenta con los recursos materiales para tomarse cuarentena en la casa sin repercusiones económicas, para salud de calidad, asistencia, o empatía del gobierno (en contraste con sus contagiadores).

Entonces hoy nos deparamos con que, por aristas sociales de la inequidad, el verdadero grupo en riesgo son las personas empobrecidas, como siempre lo ha sido. Las personas que sobreviven con lo que ganan a diario, las que no pueden decir que no al trabajo, las que viven hacinadas, las que viven en situación de calles, privadas de libertad, etc… 

Me atormenta saber que, cuando todo esto acabe y volvamos a la calle, los que habrán muerto, en su mayoría serán aquellos(as) que el sistema nunca consideró en primer lugar. Los números mentirán, como siempre, al igual que el ministro y el presidente. La elite seguirá viva, con una nueva anécdota de haber sobrevivido la cuarentena mundial, en la comodidad de sus mansiones, con aire acondicionado, bunker, reservas de comida, libros, juegos, playa, jeep, mesa de pool y piscina. Sin embargo, la familia de su “nana” o jardinero tendrá sólo dolor, pérdida, y deudas millonarias -porque ni siquiera morir es gratis-.


Esto no es una sentencia, ni un oráculo de que el capital y sus protectores ganarán. Es un lamento, un análisis, una inquietud, una reflexión pública, pero principalmente, un llamado a que nunca más en Chile debamos elegir quién vive y quien muere en base a los recursos materiales y a que, de una vez por todas, nos sanemos de esta pandemia llamada capitalismo neoliberal, que siembra miseria y cosecha billetes.

Texto por Cari Amaral.
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*18 de Octubre del 2019, fecha que gatilla la revuelta social en Chile. También es la fecha en que se decreta Estado de Emergencia, con toque de queda y militares en la calle.
**Forma coloquial de referirse a la policía/militares.




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